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Bodegas Bentomiz

Cuando el vino nace a mitad de camino entre el cielo y el mar.

A mitad de camino entre el cielo y el mar

Bodegas Bentomiz

En la Axarquía malagueña, a mitad de camino entre al cielo y el mar, entre las lomas de la Sierra y un bello paisaje de acantilados mediterráneos, encontramos un pequeño y precioso pueblo de nombre Sayalonga. En él, un matrimonio de holandeses llamados Clara y André, tuvieron una visión veinte años atrás. Amantes del buen vino y rodeados de viñas centenarias, con el paso del tiempo su idea visionaria se ha ido haciendo realidad, y hoy esta realidad se llama Bodegas Bentomiz.

La historia de esta pareja de “holandaluces” (como ellos mismos se denominan) está escrita a base de trabajo, ilusión y perseverancia. André Both y Clara Verheij llegan a Málaga en el año 1995, y la luz y el calor de esta tierra y el carácter abierto y alegre de los malagueños, les atrapa hasta el punto de fijar su residencia en Sayalonga, donde adquieren un terreno para construir su futura casa, rodeado de viñedos (algunos centenarios) entre 500 y 800 metros de altitud y con maravillosas vistas al Mediterráneo.

Aficionados al vino y la gastronomía, ninguno de los dos tenía formación enológica profesional, pues Clara es interprete y traductora y André ingeniero civil. Y ambos se dedicaron a sus respectivos campos laborales en sus primeros años en España. Sin embargo, durante esta primera época, compaginaban sus trabajos con el cuidado de sus viñedos propios y con el aprendizaje (casi como pasatiempo) de las labores de producción vinícolas.

 

 

 

 

 

 

 

Con la ayuda de amigos y vecinos fueron reconstruyendo sus viñedos, plantando nuevas viñas y adquiriendo parcelas colindantes. Y así, fruto del trabajo, la ilusión y la perseverancia anteriormente comentadas, en el año 2003 elaboran su primer vino de manera profesional. Y desde entonces, como hace la propia planta de la vid, todo ha sido crecer, profundizar raíces y ganar calidad.

A día de hoy, Clara y André han añadido un nuevo sarmiento con el que crecer como bodega y seguir firmes en su compromiso con la excelencia: el Enoturismo.

En la bodega, un magnífico edificio de estilo Bauhaus, luminoso y amplio en su interior, y revestido de pizarra (esa piedra tan característica del suelo de la Axarquía y del carácter de sus vinos), diseñado por el propio André, ya llevan años recibiendo visitas, enseñando las características de la viticultura de la zona y catando sus vinos, pero de un tiempo a esta parte han dado una vuelta de tuerca más en su crónica de emprendimiento y reciclaje profesional, abriendo un magnífico restaurante.

Y lo del reciclaje profesional no es una exageración. El espléndido chef del restaurante de Bodegas Bentomiz es… ¡André! Un servidor, que ha tenido la suerte de comer en un par de ocasiones en la bodega, está convencido que no ha mucho tardar llegarán premios y reconocimiento a su cocina. Menús de varios platos, perfectamente armonizados con sus propios vinos, servidos y degustados en un resplandeciente salón con vistas al mar y a la montaña.

Y como complemento enoturístico un variado programa de conciertos en el exterior de la bodega: flamenco, jazz, música clásica… Eventos en los que maridar gastronomía, vino y música aprovechando las cálidas noches del verano malagueño.

Una combinación música-vino que iniciaron junto al gran guitarrista malagueño Daniel Casares con el que colaboraron en una edición especial de su disco homenaje a Picasso, “Picassares”, que incluía el citado disco junto a uno de los vinos de la bodega y una nota de cata conjunta del vino y la música que yo tuve la suerte de poder escribir.

Y hablando de vino… Bodegas Bentomiz elabora la familia de vinos Ariyanas; un blanco moscatel seco afrutado y sedoso, un tinto seco inusual y aterciopelado, y dos naturalmente dulces que son un caramelo hecho vino, la mezcla perfecta entre acidez y mágica dulzura.

Y además, otro naturalmente dulce, en este caso un tinto, que tiene una bonita historia que contar. Clara y André querían elaborar un vino que maridara con postres de chocolate y, tras algunas pruebas con diferentes variedades, se decidieron por la merlot. En su primera añada hacen una tirada corta, “de prueba”, que catan con otro matrimonio (sus mejores amigos) para intercambiar impresiones. Sus dulces taninos, su carácter fresco, ligero y divertido, su persistencia y su untuosidad propiciaron el alargamiento de la velada hasta altas horas. Y el vino gustó mucho… gustaron varias botellas…

9 meses después de aquel momento nace el primer ahijado de nuestro matrimonio holandés. Por supuesto, los padres del bebé son sus compañeros de cata de aquella noche, que deciden llamar a su hijo David. En ese instante había que ponerle nombre al vino; qué fácil debieron tenerlo Clara y André… Ariyanas David. Si el vino propició el nacimiento del pequeño, que menos que llamarlo como él.

Bodegas Bentomiz es el espejo de sus propietarios, estos “holandaluces” enamorados del vino y de la vida, y dispuestos a enamorarnos a todos.

Bodegas Bentomiz

Fotografías

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